Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Hernández. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Hernández. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de marzo de 2012

Aniversario de la muerte de Miguel Hernández: "nanas de la cebolla"

"Nanas de la cebolla" es un poema de Miguel Hernández dedicado a su hijo, escrito a raíz de recibir una carta en la que su mujer le decía que el pequeño no comía más que pan y cebolla.



La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

                                                                           Miguel Hernández (30 de octubre de 1910 - 28 de marzo de 1942)



Nanas de la cebolla por Joan Manuel Serrat








Reflexiones: aniversario de la muerte del gran Miguel Hernández

El 28 de marzo de 1942, con tan solo 31 años de edad, a consecuencia de una bronquitis que degenera en tuberculosis, fallecía en la enfermería de la prisión de Alicante, uno de los más grandes poetas que ha dado este país, el gran Miguel Hernández, al que hasta la fecha no se le ha hecho justicia, algo por desgracia muy común en este país, tal como nos recuerda el maestro chileno. 

"Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!".
                                                                                                                                              Pablo Neruda 

Llegó con tres heridas: 
la del amor, 
la de la muerte, 
la de la vida.

Con tres heridas viene: 
la de la vida, 
la del amor, 
la de la muerte.

Con tres heridas yo: 
la de la vida, 
la de la muerte, 
la del amor. 

Descanse en paz.

                                                             

jueves, 5 de enero de 2012

La noche de Reyes y las abarcas desiertas de Miguel Hernández

La noche de Reyes siempre recuerdo el maravilloso poema de Miguel Hernández "las abarcas desiertas". En estos duros tiempos más que nunca es obligada su lectura y reflexión, para no olvidar que mañana muchas personas no tendrán nada al lado de las zapatillas.




LAS ABARCAS DESIERTAS

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda la gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y un mundo de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

                                      Miguel Hernández

Y en la voz de Joan Manuel Serrat: