martes, 13 de marzo de 2012

Reflexiones: ¿y por qué nos comemos la mierda?

"Si Dios tuviera ventanas, hace tiempo que le hubieran roto los cristales"

Con esta cita comienza esta obra maestra "El Pentateuco de Isaac" (1998) «Una odisea contemporánea repleta de bromas que funcionan casi como parábolas en estos tiempos de locura» (Sean James Rose, Lire). Estamos ante una de las mejores novelas escritas sobre la Segunda Guerra Mundial desde un punto de vista humano; un libro triste pero repleto de momentos cómicos sobre la vida de un hombre bajo distintos regímenes en la primera mitad del siglo XX.


El libro describe magistralmente como los acontecimientos de esa época empujaron el destino del protagonista, según sus propias palabras: "No he sido la piedra del molino, ni el agua que la hace girar: he  sido la harina. Y desconocidos han sido para mí los propósitos del Molinero". Una reflexión aplicable a nuestro tiempo, o ¿es qué no están intentando convertirnos en harina y molida bien menuda?

En "las palabras preliminares de Isaac", una carta que remite al rabí Samuel Benavid, una especie de prólogo del libro que no tiene desperdicio, realiza una interesante reflexión sobre la guerra, con un toque cómico característico de toda la obra, y lo hace contando un chiste:

"Esto es un polaco y un judío que andan juntos algún lugar de Galitzia. El judío, que se cree más listo que nadie y que se siente con derecho a dar lecciones o reírse de los demás, señala en el camino el todavía humeante excremento de un caballo y le dice al polaco: "Te doy diez zlotis si te comes esto". El Polaco hombre calculador como todo campesino, no tiene nada en contra de ganarse unos cuartos. "Vale", dice. Entonces frunce el ceño, resuella, pero se traga la mierda. El judío le da los diez zlotis pero poco después recapacita. Cae en la cuenta de que acaba de cometer la tontería de gastarse el dinero en nada y decide recuperarlo. A la vista del siguiente excremento de caballo, fresco y humeante, le dice al polaco: "¿Si me como esta mierda me devuelves los diez zlotis?". "Vale", contesta el otro. El judío resuella, frunce el entrecejo, pero se come la mierda y recibe de vuelta su dinero. Los dos siguen su camino, pero el polaco, al pensárselo, pregunta legítimamente: "Oye, si los judíos sois tan listos, ¿puedes explicarme por qué diablos nos hemos comido cada uno una mierda?". En este caso el judío se quedó callado, cosa que sucede muy pocas veces".

E Isaac reflexiona del siguiente modo: "Digo, pues, que si me preguntas por el sentido de todo lo que pasó durante las dos guerras y el tiempo transcurrido entre éstas, yo te contestaré a la pregunta con otra, que tampoco tiene respuesta: ¿y por qué nos comimos la mierda?", pregunta que podemos trasladar a la crisis actual ¿por qué nos estamos comiendo esta mierda? ¿por qué nos tratan como harina cuando deberíamos ser los molineros?


Sinopsis:

El Pentateuco de Isaac trata «Sobre la vida de Isaac Jacob Blumenfeld durante dos guerras, en tres campos de concentración y en cinco patrias», así reza el subtítulo de esta novela en la que Angel Wagenstein relata el periplo de un sastre judío de Galitzia (antiguo territorio del Imperio Austrohúngaro, actualmente dividido entre Polonia y Ucrania) durante la primera mitad del siglo XX.

Debido a los avatares políticos acaecidos en la Europa de la época, Blumenfeld, que nace siendo súbdito del Imperio Austrohúngaro, termina siendo austriaco no sin antes haber sido ciudadano de Polonia, la URSS y el Tercer Reich.

Protegido de los caprichos de la historia por su humor, Isaac cuenta su paso por el ejército imperial y distintos campos de concentración con humor e ironía, diluyendo el evidente fondo trágico de su historia y convirtiéndola en un relato divertido y lúcido de las convulsiones que sacudieron Europa durante el siglo XX.


Tras una prestigiosa trayectoria como cineasta, Angel Wagenstein inició su carrera literaria a los setenta años con esta novela, que fue el inicio de una ambiciosa trilogía dedicada al destino de los judíos en la Europa del siglo XX que completaría más tarde con Lejos de Toledo (2002) y Adiós, Shangai (2004). Sus obras se han traducido a numerosas lenguas y han sido recompensadas con multiples galardones (entre los que destaca el Premio Jean Monnet de Literatura Europea). Actualmente vive en Sofia.
«Su literatura es, a imagen de su vida, un torrente fogoso, efervescente e indomable en medio del estrépito de la Historia que lo arrastra todo a su paso: las dictaduras, las guerras, las deportaciones, las torturas y la miseria.»
                                                                                                                       Vianney Aubert, Le Figaro















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